Poemas de Bernardo Rocco

 

Luego de una década de existencia en los Estados Unidos, The Underground Man se presenta como un proyecto de libro que devela la bestialidad diaria de una doble modernidad. Mediante escenas de hospital, oscuros puentes o la simple observación de la indignidad de los cuerpos, el sujeto poético vislumbra los escombros que arroja la modernidad luego de la monotonía de un pasado aún cercano y un presente poco auspicioso. El sujeto, consciente de que la cotidianidad puede irrumpir momentos reflexivos de carácter espectacular y volverlo absurdamente ausente de un significado afectivo y funcional, se pregunta si algún día la tormenta arruinará aquello que intenta percibir con su mente alcohólica.

B. R.

 

 

The Underground Man

Te ve mientras olfateas
un rincón de la bóveda.
Mientras deambulas por
el bosque empedrado.
La luz se refracta a la medida
del sonido eco de tus pisadas,
y continuas el trayecto del
hombre en su fortaleza y
espejismo subterráneo.
Algunas sombras se deslizan
ante la mirada de quien te ve
con sus ojos llorosos por
la nube contaminada.
Y tú, imperceptible, recorres
el túnel de la miseria.
Aún no sientes el galope del
tren que gime entre tus oídos
entre la hierba que encamisa
la pradera de artefactos en
desuso
que te hace sangrar
el izquierdo.
Te ve mientras tu abofeteas
al último hombre de la estación,
con un lingote de pétalos
acabándose y
aún despojados
de toda sinfonía.
El hombre encorvado intenta
una vuelta, una despedida
esperada por la multitud
en llamas.
Mientras tanto la luz se cuela
en la plataforma del último
hombre que te ve desde la
cabina telefónica
mientras cuelga
un cisne inalámbrico.

 

 

Poema 36

En los 36 un filipino me inyecta un dedo en el culo
mientras una mosca conversa al oído para decirme:
que las tardes son hermosas cuando el sol se entristece
Una enfermera pasa y me da un beso en la mejilla
declamando:
que las patas de los cerdos huelen a rosas
Me encojo
pero algo me ensordece y grita: vete a la mierda
Y mi culo palpita de resfrío
No creo más en esto y me cago en tu madre, me replica el camarero
con una cara de idiota que deja una suave y babosa araña
Una ballena de la mano de un cerdo me espera en la camilla quirúrgica
Un doctor abofeteado me hace cosquillas en los dedos
y me tira un pétalo
de una rosa robada
No siento la aguja ni mis lentes intoxicados
Nada me suena en la cabeza y bamboleo como un títere
en medio del fierro y el charco en vómito
Una curvilínea ballena en el despacho del doctor
y una ambulancia preparan la sesión musical
Qué bonita es la eternidad
Pero tropiezo y me rompo los codos
por escavar entre mis uñas
ennegrecidas por el polvo de la aspirina
Qué idiotez
es esta de rezar en los altares médicos
Qué idiotez.

 

 

Nada merece atención

Nada merece atención
dice el señor reloj
mientras bebe una copa
y las golondrinas pían tiempo y obsesión
acaparadas en las rejas de los hoteles
y prostíbulos con olor
y granos de café molido
por la tarde
Una mujer grita
mientras regurgita un pez sapo
que le servirá de cena
Las hojas caen sobre mi cuerpo
Qué bonita sensación
pero nada merece atención
señor reloj
El piano aúlla
mientras me rasco la sien en un impulso por decir
basta de molestias
señor reloj
La menta me despierta y me hace pensar el domino
Qué bonita calculación
señor reloj
Pero nada merece atención
Y un idiota entra a mi habitación
creyendo que la luna ofrecerá su resplandor
Las bombillas explotan sobre mi sien
y me llevo a alejados recorridos de adoración
Qué iluso es usted
señor reloj.

 

 

Las hojas caen

Camino por innumerable y recónditos edificios salubres
las hojas caen sobre la palma de mis manitas heridas
camino por recónditos museos
y me hago el sordo
y me duele un oído
y me zumba el otro
la luna respira a mi oído
mientras me masturbo frente a un auto en llamas
un tipo salta sobre la calzada
y me dice: vete
la polilla me molesta en la noche
y le digo: vete
y me digo qué bonitas son las tardes
sin Teresa
una mujer me tira su ropa de noche
y digo: gracias
Sin embargo, ya me tomé las pastillas de las tres de la tarde
qué bonito augurio
se sucede al tono de la música de mi laptop
una vez que la nieve ha cesado de caer
y el último borracho me ladra soeces
desde su amurallada habitación
en Centre Avenue.

 

 

El ahogo

Me deshago en una tarde a pedazos
mis cavilaciones me llevan de la mano
a mi propia imagen destruyéndose
poco a poco mi mente brilla de un golpe
mis sentidos se retuercen y amilanan como un trueno,
como una serpiente en una foto caída, mutilada por la densidad
El bosque, mi bosque de intermitencias me apuñala,
me molestan a pesar de mi sueño, mi somnolencia,
caigo de a poco y seguro de una vuelta,
de una pequeña fracción
que como pared me lapida en el cuello,
en mis oídos que no desean descansar
es el canto de la locura que se deshace en sordera y ritmo
me desconocen, en los pasillos y bares
que ya no frecuento desde mi última partida
¿A quién canto ahora?
La obscuridad me hace tropezar y vomitar por momentos
Es la escritura mi…
bien, los pasos, las esquinas me son similares y repetidas
¿Qué me queda?
Ahondo, y mi llevo al lado, al espacio escrito del dictado,
de las palabras gemidas que me chocan por dentro,
y finito, y trazando por lares y sucumbo, me caigo o me tropiezo de nuevo
la caída, y mi sombra que ya se manda sola, no responde, no murmulla ni aletea
Ahí está, imperceptible, ojeándome, escupiendo, descarada
¡Qué insolente!, y se ríe de mí como si nada
No queda más que la retirada y el hasta pronto y no me acuerdo
pero me gasto, ya no me oigo ni me apaleo en la noche para discutirme.

 

 

Círculo de escombros

Arrimado a la superficie,
vaciado luego de una noche ebria
¿Cómo me perdí en este campo de armas y objetos explosivos
que vagan por la nimiedad desértica?
Un cráter deviene a mí
burbujeantemente
explosiva y humeante
Mientras tanto, las voces de ropas destrozadas y humeadas
por la noche armada
me distraen,
me entrampan
Miles de globos sinfónicos
en llamas
caen en pedazos sobre mis hombros
encorvados por el peso del fogonazo
La explosión me deslumbra y me mira de reojo
riéndose,
en pedacitos cenizos
mientras quejas yacen en la inmensidad
del círculo de escombros
Es todo lo que atestiguo y
sonoramente algo se aproxima a lo lejos
con un sonido de explosivos
Afloran por aquí y por allá
brotes de primaveras que desfilan sin mayor dignidad
Medito
¿cómo me perdí en este agujero?
Mientras me deslumbro en carcajadas de fuegos.

 

 

Revuelta

Santiago se quema
en un polvorín de fuegos radiactivos
mientras la multitud aplaude
la resonancia de la marcha
Santiago se quema
mientras autos descontrolados
danzan
en medio de la lluvia pirotécnica
Santiago en llamas
y en las calles comienza
a correr la sangre
mientras algunos payasos
intentan reprimir el desborde
Santiago se quema irremediablemente
entre pasillos y correrías
fatídicas
Y un cerdo grita Viva la vida
sin mucha elocuencia
Santiago se quema
y arde descontrolado en el caos
de la irremediable
pérdida
Y un zancudo baila al ritmo de las molotov
juguetonas
Santiago amanece ennegrecida
por el viento rojo de estallidos pirotécnicos
y las bombas de polvo y viento
A lo lejos
se escucha algo de jazz
mientras un anciano recoge un cigarrillo
que quema
Santiago se quema
y el flujo pirotécnico alumbra el día en una
tormenta de fuego.

 

 

 

 

 

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Sobre bernardo rocco

bernardo roccoBernardo Rocco nació en 1973 en la ciudad de Chillán, Chile. Hizo sus estudios de licenciatura en Lengua y Literatura Hispánica en la Universidad de Chile, y obtuvo la maestría en la Universidad de Temple, Filadelfia. Actualmente enseña en dicha universidad estadounidense.

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