Canciones de Redención, por Ramón Oyarzún

 

Guía de escucha para el fin del mundo

 

 

Traducir canciones, tal vez ejercicio a medio camino entre gritar y escuchar ecos. Ingrato, alegre, casi necesario; traducir, reescribir, sobre-escribir, para que estos ecos debilitados ganen fuerza y contenido con su traspaso a otra lengua y modo de ser (ser y estar para los hispanohablantes, importante anotación) en el mundo.

 

Pienso en algunos de mis héroes de la grabación, el gran MBW o el mítico Dean Benedetti; también en los puristas técnicos y sus denodados esfuerzos por atrapar un pedazo de tiempo en cinta para el deleite de todos nosotros. Esta captura del tiempo, algo relativamente nuevo que nos dedicamos a disfrutar sin grandes cavilaciones, es traducción en sí. Una traducción de experiencia que reduce la esencia de un momento, un espacio, una energía vital, una intención, una sinergia y más cosas innombrables -o imposibles de contar con palabras de lengua humana-, a un texto que se replica. En una banda magnética, en una fotografía, en un programa de seguidillas de ceros y unos.

 

Una consecuencia importante e inmediata de esta traducción electrónica, maquinal, industriosa, es la popularización de canciones y músicas más allá de sus fronteras y tiempos. Los músicos gracias a esto están-entran en contacto, para replicar sentimientos, sensaciones, percepciones, en sus músicas y reinterpretaciones musicales, que anonadan, sorprenden, maravillan.

 

Un ejemplo notable es Bob Dylan que hasta el día de hoy publica canciones llamadas “estándar” o “canónicas” de géneros tradicionales como el blues o el folk cambiando sólo algunas rimas y acordes para apropiarse de los temas, llegando incluso a renegar de los supuestos “creadores príncipes”.

 

En la controvertida contribución cultural de Estados Unidos a la humanidad tenemos otro gran ejemplo -en mi modesta opinión, un caso casi totalizante- con la música jazz, donde las variaciones de una idea musical se repiten en infinitas réplicas, variaciones, improvisaciones, inspiraciones.

 

Voy llegando lentamente a lo que quiero contar, pero debo permitirme más devaneos. Ya decía que Bob Dylan no sólo toma prestado su nombre artístico, sino que además presta sus composiciones, a regañadientes algunas veces, como confiesa en “Changing of the guards”.

 

Algunos de estos préstamos inspirativos opacan a su creador, como el caso de “All along the watchtower” en las versiones de Jaime Hendrix y Esteban “rayo” Vaughn. Sin embargo, Dylan no es sólo sus temas; es un estilo, una marca registrada. Pocos trovadores lo logran con la fineza y solidez del artista de las Black Mountains, tal vez Georges Brassens sea el más importante cantor de esta línea, la línea que intenta recuperar el lugar del poeta como cantor de lo fatal e ineluctable en la vida humana, eso que produce terror y conmiseración en los corazones más inconmovibles. Sin intentar ser grave, sólo siendo auténtico. Brassens y Dylan muchas veces lo logran con humor y descaro. Con misterio y seducción. Ellos proponen el estilo con que los grandes “rockers” emulan la manoseada y tergiversada idea del duelo vaquero. Un hombre sólo armado con su guitarra frente a un monstruo sordo: inconmovible, exigente, implacable… las audiencias.

 

En realidad estos cantores son a ratos profetas, predicadores, videntes alucinados. Lo que cantan no es algo que ellos cantan, es un “algo” que los canta. Ese “algo” se canta a través de ellos. Son mensajeros de lo más interno y verdadero que tiene para decir una generación, o para no exagerar la nota –literal y ficticiamente- un momento. Y eso se refleja en la cantidad de artistas que, ahora, hoy, contemporáneos, gracias a las traducciones electrógenas, replican algunos temas, tributando esa corriente inspirada que fluye desde un artista genial en cascada hacia sus pares.

 

 

Las historias en torno a los grandes temas homenajeados en múltiples réplicas son varias. Sin caer en la burda métrica económico-centrista de “la canción con más versiones en la historia de la música”, me propuse hacer una lista de reproducción (no me simpatiza usar el anglicismo playlist; tampoco me convence su traducción castiza a “lista de reproducción”, pero está a la mano y bueno, lo escrito es en gran parte sobre traducciones equívocas, erradas, imposibles). Decía pues que me empeñé en escuchar las más versiones, o las más canciones posibles que cantaran Redemption song del nunca bien ponderado músico jamaicano, Roberto Nesta “Bob” Marley.

 

Lista de canciones que escuché pues (léase todo entre comillas mayúsculas): Una (1). Nombre de la canción: Redemption Song, Canción de Redención; Autor: Bob Marley (¿?); Versiones: más de 20 (a saber, para los interesados en los autores-reproductores -ya entregaré detalles que me parecen loables de algunas versiones; acá va una lista aparecida en grooveshark: (debiera leerse rápido intentando no pausar) Bob Marley, Bob Marley & The Wailers, Bob Marley en vivo, Ziggy Marley, U2, Stevie Wonder, Pearl Jam, Eddie Vedder, Chris Cornell, Rhianna, Buddha Bar, Sumo, Cultura Profética, Johnny Cash, Joey Strummer, Joey Strummer & The Mescaleros, Johnny Cash & Joey Strummer, Johnny Cash, Dave Mathews Band, STP, Sidney O`connor, Manfred Mann, Life of Agony, Yanik Jones, Jackson Browne y un largo etcétera que pasa por amateurs en Youtube hasta todas y cada una de las bandas de reggae de la historia de la humanidad tocando el tema alguna vez, y en vivo).

 

Presento primero la letra en inglés y luego un primer ensayo de interpretación:

 

            Old pirates, yes, they rob I;/ Sold I to the merchant ships,/ Minutes after they took I/ From the bottomless pit./ But my hand was made strong/ By the ‘and of the Almighty./ We forward in this generation/ Triumphantly./ Won’t you help to sing/ This songs of freedom/ Cause all I ever have:/ Redemption songs;/ Redemption songs.

            Emancipate yourselves from mental slavery;/ None but ourselves can free our minds./ Have no fear for atomic energy,/ ‘Cause none of them can stop the time./ How long shall they kill our prophets,/ While we stand aside and look? Ooh!/ Some say it’s just a part of it:/ We’ve got to fullfil the book./ Won’t you help to sing/ This songs of freedom-/ ‘Cause all I ever have:/ Redemption songs;/ Redemption songs;/ Redemption songs./

            Emancipate yourselves from mental slavery;/ None but ourselves can free our mind./ Wo! Have no fear for atomic energy,/ ‘Cause none of them-a can-a stop-a the time./ How long shall they kill our prophets,/ While we stand aside and look?/ Yes, some say it’s just a part of it:/ We’ve got to fullfil the book./ Won’t you have to sing/ This songs of freedom? -/ ‘Cause all I ever had:/ Redemption songs -/ All I ever had:/ Redemption songs:/ These songs of freedom,/ Songs of freedom.

 

            Viejos piratas, sí, Me robaron;/ Me vendieron a los barcos mercantes,/ Minutos después de mí sacar/ Del pozo sin fondo./ Pero mi mano se hizo fuerte/ Por la del Todopoderoso,/ Avanzamos en esta generación/ Triunfalmente./ ¿No has tú de ayudar a cantar/ Estas canciones de libertad?/ Porque todo lo que siempre tuve:/ Canciones de redención;/ Canciones de redención.

            Emancipaos de la esclavitud mental;/ Nadie salvo nosotros podemos liberar nuestras mentes./ No teman por la energía atómica,/ Porque ninguno de ellos puede parar el tiempo./ ¿Cuánto tiempo deben matar a nuestros profetas,/ mientras nos hacemos a un lado y miramos? ¡Oh!/ Algunos dicen que es sólo una parte de eso:/ Tenemos que cumplir el libro./ ¿No has tú de ayudar a cantar/ Estas canciones de libertad?/ Porque todo lo que siempre tuve:/ Canciones de redención;/ Canciones de redención.

            Emancipaos de la esclavitud mental;/ Nadie salvo nosotros podemos liberar nuestras mentes./ No teman por la energía atómica,/ Porque ninguno-a-de-ellos-as-puede parar-a- el-tiempo./ ¿Cuánto tiempo deben matar a nuestros profetas,/ mientras nos hacemos a un lado y miramos? ¡Oh!/ Sí, Algunos dicen que es sólo una parte de eso:/ Tenemos que cumplir el libro./ ¿No tienes tú que cantar/ Estas canciones de libertad?/ Porque todo lo que siempre tuve:/ Canciones de redención;/ Todo lo que siempre tuve/ Canciones de redención/ Estas canciones de libertad/Canciones de libertad.

 

 

Como se aprecia a ojo de buen cubero, la traducción intenta ser bien literal, lo más literal posible, incluso con intención de recuperar algo del aire isleño del criollo jamaicano. Ahora, vaya la traducción literaria, personal, contemporánea. Sirva a guisa de explicación del porqué me decidí a saturar mis oídos destemplados con los mismos versos hasta llegar a aprenderlos y cantarlos bajo la ducha.

 

Me asaltan las cadenas de correos electrónicos con avisos milenaristas. Por otra parte todo es tan rápido y fácil en la TV y en el mundo allá afuera. Una vez viví la noche más corta del año cerca de Stonehenge, hippies greñudos disfrazados de druidas y místicos borrachos de anfetaminas cantaban infinitos himnos a la madre tierra y yo sólo podía pensar en mi tierra que por esos días estaría helada y la melodía que repetía mi cabeza era la letra del Galeón español en la versión de puterío de los Viking 5. Años después cuando llega el calor y habito felizmente el hemisferio Sur relaciono esas canciones y sobre todo la historia del recuerdo junto al mar con lo que está cantando a Marley. Los viejos piratas y el yo-corazón inserto en medio de una plegaria. Lo más extraño y a la vez lo más familiar es el hecho de que el tema de Marley, un predicador del “sound sistem” y otros inventos sonoros magníficos de Jamaica, es pues que su canción de redención no suena en clave de reggae, es una estructura clásica popular de notas Sol, Do, Mi, La, Re, o G-C-D-A-E. Suena bien, convence. Las palabras políticas convencidas del profeta con melena de león negro replican admoniciones humanas ancestrales, sólo nosotros podemos liberar nuestra conciencia, escapar de los viejos piratas euro-céntricos del galeón que asolan las costas de África, de América. Esos piratas poseedores de las tecnologías del poder de las armas y las energías, pero no pueden detener el tiempo, incluso el galeón naufraga, incluso la energía atómica no es suficiente. El deseo de control sobre todas las cosas y la realidad no vencerá, no puede vencer a nuestros profetas, no puede erradicar nuestra alegría, nuestra danza. Inventaron los sistemas de control, inventaron el dinero, nos someten a una esclavitud tan férrea como nunca ha visto la humanidad y nos dicen que las condiciones son óptimas, son los inventores del miedo, pero ya no les temeremos…

 

La plegaria de Marley es una pregunta y una admonición, al final, en el último coro declara que ahora tenemos que, debemos, cantar las canciones de libertad y redención, y al principio, que debemos avanzar en esta generación triunfalmente.

 

El mensaje es poderoso, por eso lo toman de manera más o menos genial y despierta personas como Cash, Strummer y Prodan en los 80 para patalear contra Thatcher, Reagan y la impostura neoliberal que ellos preconizan. A principios del siglo 21 Cornell y Vedder comienzan con el plan de dormir a estos mensajeros y todo se tergiversa cuando Rhianna o Buddha Bar vuelven al tema un bodrio electro-pop de consumo.

 

Tras días de siesta y escucha de la canción me da vuelta la idea de Marley tocando esta pista para cerrar su último disco en estudio editado con los Wailers. Alguien le avisa que el cáncer lo corroe, piensa que de esta no sale. Canta. Solo canta. En el 2011 se cumplieron 30 años de su muerte, celebrados por las hordas de adormecidos rastafaris que en todo el mundo pretenden respetar su legado de libertad y autodeterminación. Yo me pregunto si en verdad sería feliz de estar en esta época donde las peores posibilidades del saqueo global se cumplen a cabalidad y los músicos dejan de ser los parlantes del sueño humano, cuando quedan pocos reductos de libertad y buenaventura, donde la aventura se reduce a consumir sustancias ilícitas y soñar con profecías mayas. Ahora que los viejos piratas manejan multinacionales corporativas infestadas de sanguinarias tripulaciones de tecnócratas ya no quedan rincones de redención. Estamos presenciando el fin del mundo.

 

Pienso ahora que el fin del mundo no es el fin del mundo como lo conciben los descentrados predicadores nueva era y los inadecuados gurús milenaristas, sino que es un fin de la esperanza y de la libertad, un fin del tiempo donde todo tiempo y energía comienza a convertirse en algo tan trivial que no podemos dejar de manifestarnos y por esto mismo caer en el sinsentido, en un vacío sin fin del que no saldremos.

 

Tuve entonces, en estos días de escuchar las canciones de redención de tantos irredentos, un sueño que podría explicarse por haber leído el Ensayo sobre la ceguera hace algún tiempo, en una época donde también acababa el mundo. O bien, tiene que ver con el origen del universo y con el tercer y último verso y con las canciones de Bob Dylan sobre sus sueños post-apocalípticos donde se encuentra caminando solo en una ciudad después de la Tercera Guerra Mundial.

 

Soñé que llegaba el fin, el día del fin, la noche del fin, el momento del fin. Soñé que una frase simple y repetida perdía sentido, que ya nadie podía reconocerla, y que de a poco esto pasaba con todas las articulaciones del lenguaje humano. Así acababa el hombre, dejando de ser en el lenguaje. Esa parte estaba bien, algunos hasta disfrutaban los primeros días de silencio, o bien, de mudez, sordera, incomunicabilidad. Campeaban los gestos de manos, guiños, risas, complicidades, proxémicas, toda corporeidad se hacía tan intensa que entonces llegaba el verdadero fin. Nos veíamos unos a otros con una intensidad y una luz impensada, como miles de soles, veíamos nuestras luces y nuestras sombras con tanta intensidad que no podíamos seguir mirando, hoy, entonces, todos los actos; con sólo mirar, sin ver, apenas atisbando, de reojo, sabíamos quién era, qué hacía, que había hecho y qué podían hacer, todas las personas. Entonces llegaba el fin.

 

Escuchar una canción de redención que no ha redimido nada ni nadie, ni siquiera a su autor, no deja de ser fúnebre estos días. Algo se mueve, y algo se muere, hoy los grandes iluminados jamaicanos ganan carreras en la TV, y nosotros, nosotros los vitoreamos por internet. Lamento quebrar esta noticia a los adláteres del reggae amor-paz-naturaleza-mística; he aquí el secreto: el último mensaje del soldado búfalo no fue uno de paz ni buenaventura, su último mensaje fue uno desesperanzado donde recordó su pasado esclavo con la nimia ilusión de trascenderlo en un cielo alto, azul y cristalino que adivinaba desde su dolorosa enfermedad, pero que justamente por esto no podía sino amonestar a sus audiencias, algo deben algo está por hacer en esta vida humana, tal vez la belleza de la música no basta, no basta hacerse a un lado y permitir la muerte de nuestros profetas.

 

Con los días pude volver a escuchar música, eso sí, por un buen tiempo sólo escuché música sin letras; música, no canciones. Demasiados mensajes para este fin de año.

 

 Redemption Song – Bob Marley

 

All Along the Watchtower – Jimmy Hendrix

 

 

 

 

 

 

 

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Sobre ramon oyarzun

ramon oyarzun"Se llama, por ejemplo, Ramón, siempre quiso ser profesional: del fútbol, jefe de barra, entrenador, humorista, conductor de televisión, bohemio, librero, gerente, astronauta, gimnasta olímpico, nadador de resistencia, apicultor, acupunturista, teórico, médico, comando, explorador, actor, prisionero, samurai, chef, lama y muchas otras, no en ese orden necesariamente. Le toca vivir mayoritariamente en Santiago de la nueva extremadura, en el reino de chile; donde sea, sobrevive orgullosamente y está muy agradecido de conocer a todos los seres que ha conocido. En algún momento del camino descubrió que para llegar a realizar todos sus proyectos el único camino era el de escritor. Lo dejo a su criterio"

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