Aviones accidentados sobre tierra, por Juan Cortázar

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 Jueves (noche)

Te veo venir. Me di cuenta hace rato de que ibas a hacerlo. Caminas derecho hacia aquí, vas a sentarte a mi lado, pedir cualquier cosa en la barra ydespués de un minuto, sin falta, soltarás el ¿cómo te llamas?, así, con el aire más casual del mundo (siento que me estás bailando ahora/ perfecto/ no te despegues/ si quieres que me altere).Yo me escudaré tras elreguetón. ¿Qué dices?, acercaré la oreja. Dirás tu nombre, sonreiré: sorry, no oigo nada. Si eres hábil se te ocurrirá la idea de irnos a fumar afuera, así podemos hablar, dirás. Si estuviéramos en Miraflores (no te despegues/ si quieres que me altere), podría ser, pero aquí, en plena Garcilazo, fumar en la calle no. De madrugada en el centro hay que tener cuidado, no quiero volver a casa con un combo en la cara o sin reloj.

Te acercas y me gustas todavía menos. Tu pinta anuncia que quieres conversar, contar tu vida, tus penas. Odio a la gente que quiere hablar largo. De repente es porque estoy de lunes a viernes con el teléfono incrustado en la oreja, diciendo mil cosas hasta convencer al otro de comprar algo que no necesita. Esta tarde nomás, le vendí un seguro contra robos a una señora bien mayor, por las puras: su edificio es más seguro que un banco (siento que me estás bailando ahora/ perfecto). Debe ser eso: la falsedad de las conversaciones. Aquí también, ¿cuánto de lo que decimos en una barra es verdad? De repente es un prejuicio y tu conversación es buena, puede que hasta honesta, pero el finde recién comienza y tengo ganas de bailar.¿Sabes? Prefiero a los tipos que proponen ir a la pista, abrazan y rápido buscan la boca. Nunca menores de cuarenta. En eso tú calificarías, es cierto, pero tienes cara de querer hablar, hablar y después insistir en irnos al toque. Y esta noche voy lento, no son ni las doce.

Huyo de mi lugar en cuanto te sientas: chau, te digo en silencio. Me asomo por la baranda, abajo la gente se mueve furiosa.La pista no está llena, mañana estará full. Baja y búscate alguien ahí, de repente tienes suerte (no te despegues/ si quieres que me altere). Hay gente que se ha conocido aquí, en Escorpio: un tipo ficha al otro, baja y se mete en el tumulto a bailarle de cerquita. Después, pecho contra pecho, manos a la cintura, beso con lengua. Algunos duran años. Esas cosas ocurren, debes haber escuchado historias así. Todos las hemos oído. Todos creemos en ellas.

 

Viernes (madrugada)

Volteo: eres un gringo. Sentí tu mano sobre mi hombro. Contigo hay dos gringos más; por la pinta entre hippie y rasta, seguro quieren ir al Cusco, subir a Macchu Picchu a ponerse trascendentales, conectarse con el universo. Como ustedes vienen miles ahora, así dicen en el noticiero, se inflan los del gobierno: el turismo crece año tras año.Vayan con suerte y encuentren ovnis, vidas anteriores, esas huevadas (cuando sienta el boom de este perreo intenso/ túmbame el guille con calma). Me pasas tu whisky. Pelirrojo, cuarenta y algo, trencita sobre la nuca. Dices que te gusta este ambiente, bien hispano. La palabrita –con la h marcada y la a bien abierta: jispaano- debe venir en tu guía de turismo. Ustedes tienen pocos prejuicios, no son racistas; serranos, negros, blancos, les da igual. En Lima hay de todo, pues. Seguro te parezco exótico, o algo así. Invítame otro whisky.

No entiendo ni cómo te llamas, el reguetón no deja oír ni mierda. Repites un nombre raro, que no puedo ni pronunciar.Te pondré Joe. Suena a las pelis americanas, te queda bien. Salud, cheers. Dónde estarás quedándote. Un hotel en Miraflores, en el centro  no, please. Seguro bailas mal, Joe, todos los gringos bailan mal (cuando sienta el boom de este perreo intenso).¿En tu país acaso no rapean? Debí hacerle caso a Lorena y seguir con el inglés. Tampoco hice caso sobre el gimnasio. Ahora, Joe, meto el estómago, tenso los hombros y saco espalda: una treta reciente.Dices cosas que no entiendo, tu español y el reguetón, un desastre. ¿Dancing?, grito en tu oído y te jalo de la mano. Cuando te diga para irnos -¿go hotel?, ¿my home?- también te dejarás llevar. Tu boca debe saber a pucho con whisky: chévere ahora, un asco por la mañana. Chequeo en mi bolsillo (túmbame el guille con calma), y sí, tengo condones, Joe, es todo lo que necesitamos.

 

Viernes (mañana)

Cuando el celular me despertó y te vi enredado en mis sábanas,Joe, me sentí bien. Una sensaciónde tibieza, no sé, blanda. Pensé en hacer el desayuno, huevos revueltos o panqueques, prestarte mi tablet para que vieras tus correos, las noticias de tu país. Después, ir a almorzar fuera. Tú ni te movías, con todo el whisky que tenías dentro. Estabas lindo, algo guatoncito, pero qué te puedo criticar, yo también estoy sacando una.Veintisiete y con un rollo que me saluda luego de la ducha, cada día más vigoroso y tenaz. Como no despertaste con el celu, estuve mirándote; acaricié el  vello de tu brazo, a ratos amarillo, a ratos naranja. Seguí bajando y descubrí que todavía tenías puesto el último condón de la noche, arrugado, baboso alrededor de tu pinga. Estaba chiquita, Joe,acurrucada, dormida como un lirón –hasta ahora no sé qué animal es el lirón, era un villancico que cantaba de niño-. Rico ver tu pinga así, un cachorro indefenso.

El portazo de Lorena te hizo brincar sobre la cama. Pobrecito Joe. La muy perra sabía de sobra que estaba con alguien, ¿por qué mierda tenía que hacer escándalo? Pero para qué calentarse, en realidad es buena onda mi primita, viste que hasta el café nos dejó listo. Y la nota de siempre: ¿hoy tampoco vas al gimnasio? Ella va temprano, suda a lo bestia, de ahí a la oficina. Al salir, pegó el portazo a propósito, muerta de risa, y te despertó de un salto. De pie al lado de la cama, medio dormido todavía, arrancaste de un manazo el condón de tu pinga, sin ningún cuidado: así son las cosas por la mañana. Te vi meterte en tus jeans, buscar apurado entre la ropa regada por el piso. No hubo panqueques, tampoco lectura de correos: no hubo ni mierda. Viajo Arequipa a las doce, dijiste. Pude decir: llévame a Arequipa, a Cusco; mando al diablo el call center, le encargo el depa a Lorena. Tú hubieras contestado: no, viajo con grupo. Claro, tus amigos, a los que estarás contando ahora si fue buena la cama con el levante del Escorpio. Tú, tan viajado, habrás sumado una muestra del mundo hispano a tu cuenta –no, ninguna mierda de hispano, un cholo, bien peruano, hasta de cono puedes decirme, como me dicen los pituquitos cuando me quieren cagar y no creen que vivo en Pueblo Libre.

Al menos no diste un portazo: eres bien educado. Las nueve. Ya no llego, y con la cabeza así, las voces de las viejas que tengo que joder por teléfono serían una bomba de racimo en mi cerebro. La supervisora: ¿otro viernes mal?, fastidiará con eso. Prometeré trabajar horas extra de lunes a jueves. Por tu culpa, Joe. Claro que no vale hacerse la víctima, la pasé chancho contigo. Aunque tipos como tú sean como caminar por una calle cerrada, un pedacito de pista que no va a ninguna parte.Igual, dicen que hay gente suertuda. Algunos logran irse a Arequipa a la mañana siguiente.

Enciendo la tele, el canal de noticias.Bajo por completo el volumen, veo imágenes mudas.Sirvo una taza del café de Lorena. Por la tarde iré a dar una vuelta por Barranco, a engancharme con la quietud de los acantilados y la niebla. Me gusta hacer eso cuando estoy solo. Bajar despacio por la quebrada del puente, la neblina a ras del suelo; en la playa sentir el mar acercarse y retroceder, volver a acercarse y retroceder otra vez, dejar que esa tranquilidad me quede dentro. La tele, muda, muestra protestas en Caracas: muertos. Un avión caído en Rusia: más muertos.

 

Viernes (noche)

¿Qué quieres, chiquillo? Yo no me meto con niños, tengo ganas de decirte. Tú sigues haciéndote el seductor desde ahí atrás, todo guiños y quecos. Estás bien, es cierto, aunque un poco afeminado; debes perrear rico con ese culo paradito que tienes. Paradito y sin esfuerzo: nada de gimnasio, ¿no?, el recién-salido-de-fábrica te va a durar rato. Da lo mismo, eres muy chiquillo (desde el primer día supe que te amaba/ llora en secreto mi alma enamorada). La otra noche, en el Escorpio, otro muchachito como tú me anduvo rondando. Caleta nomás me agarró la mano a la salida del baño. Pasé de largo nomás. Después se estuvo haciendo el encontradizo.

Cumbia. Es la hora de la cumbia. Cuando la gente ya está bien huasca, al DJ le gusta colar cumbias en medio del reguetón, tres, cuatro temas, luego más reguetón, y así hasta el amanecer. Gilda, además. De lujo. En el Escorpio también ponen, aunque rara vez Gilda. Aquí en elVillage hay más nivel, las cumbias son buenas, suaves; para bailar duro está el reguetón, ¿no? ¿Tú qué piensas? (porque tengo el corazón valiente/ voy a quererte, voy a quererte). Nada, no piensas ni sabes nada, chiquillo, sólo comienzas a moverte rico, ahí atrás, al final de la pista. Tengo ganas de una buena cumbia, pero contigo no: un tipo con el camino hecho, que se sienta rejuvenecido conmigo, con ganas de empezar otra vez. ¿Entiendes, chiquillo?No creo, seguro ni has sufrido por alguien.

Anda, sigue haciéndote el cazador, el que puede elegir al que quiere. Ya te va a pasar a ti también, mocoso,todo llega.

 

Sábado (tarde)

El chico que ordena las gaseosas me hace pensar en ti. Es flaco, con un culo redondo y paradito como el tuyo, chiquillo. No tengo ni idea de en qué chambeas, imagino que debe ser algo por el estilo: reponedor en un supermercado, ayudante de peluquería, cualquiera de esos empleos de medio pelo, para chicos sin grandes estudios, o que los dejaron a la mitad como yo. Hay muchas ofertas así en el periódico. Mi vieja dice que antes era otra cosa, sobre todo cuando fue lo de Sendero. Ahí sí que no había trabajo, sermonea cada vez que me quejodel call center. Termina el Instituto, insiste ella, el inglés –ahí abre la boca Lorena, jode también-. Menos mal se quedó en Trujillo, lejos. Seguro tú vives con tu vieja, ni lugar tienes.¿Y siestás en un call center también?, eso sería el deshueve. Un call center, mierda de chamba. Tengo que       buscar otra cosa. Es matador y no pagan bien. Además, estoy podrido de inventar historias: trabajo en publicidad, en comercio exterior, cualquier floro me mando.

Como no te di bola anoche, no sé nada de ti.No es que me intereses, me llamó la atención tu persistencia, nada más. No entendías que no iba a pasar nada contigo.Para sacarte de encima, me fui al Queens. Aunque, la verdad, no fue sólo por ti, sino por el tipo ese. Le mandé miradas, le bailé, y cuando iba a caerle encima se enredó con un pendejo igualito a ti. Bien prendido a la cintura del putito, no dio más bola el conchasumadre: quería un culo casi nuevo, supongo. Y ya pues, me quité al Queens. Allí las cosas son distintas. Los pitucos de San Isidro y La Molina creen que les voy a cobrar, me ven a la cara y dicen que soy de cono. Deberían darse cuenta de la diferencia: yo no ando con tabas nike todas blancas, pelo trinche bajado a punta de gel y una cerveza tibia para toda la noche. Igual,a los pituquitos la sobradera les dura hasta lascinco de la mañana, después cualquier hueco es trinchera, levantan lo que tengan a mano. A mí se me acercó un cincuentón medio calvo y gordo. No tengo ningún problema con eso, he estado con osos peludos, flacos, de todo. La cosa es que el tipo estaba recontra zampado. Si lo hubieras visto me darías la razón.Y así no atraco, ya se han vomitado encima mío. Lo dejé ahí, contra la barra, la gente del local debe haberse encargado de él.

Mira, chiquillo: el reponedor se agacha para acomodar las gaseosas. Rico culito, ¿no? Tal vez debí hacerte caso. Te hubiera gustado tenerla dentro de ese culo duro, redondo como cúpula de iglesia, decía un amigo. Ahora, por tu culpa y la de este otro estoy al palo, aquí, en pleno súper. Voy a tener que aguantar las ganas de pajearme,o a la noche miraré nomás. Me cuesta: no soy bueno para pensar en el futuro.

 

Domingo (mañana)

Te has despertado antes que yo. Sentado a tu lado de la cama enciendes un pucho –debe ser habitación de fumadores- y me miras con calma. Hola, dices, ¿tienes hambre? ¿De qué?, contesto, y te ríes. Muchacho insaciable, contestas. Alargas el brazo para apagar el pucho y entonces puedo ver bien el dragón. Ayer, cuando vine a tu mesa, vi unos trazos bajo la manga pero no pude adivinar qué animalito era. Después, en la cama, vi el de la espalda: dientes y lengua afuera, montado sobre una media luna con estrellas alrededor. Es Moche, dices mirándote el brazo. Sí, continúas ante mi cara de pregunta, Moche, de la cultura Mochica. ¿Te acuerdas?, los del Señor de Sipán. Claro, claro, digo. En el horóscopo chino soy dragón, pero quería uno peruano, uno nuestro, añades. Dos, te corrijo. Si –sonríes de nuevo- el de la espalda también es Moche. Quedo en silencio: no sé si me haría un tatuaje, dicen que duele.

Mala suerte que no vivas aquí. Me lo dijiste ayer mientras tomábamos café. Fue bueno el pequeño montaje que hicimos. Desde la cola miré hacia las mesas, tú estabas leyendo en la del fondo. Te delató no tanto el que dejaras de leer, sino que cambiaras de anteojos: necesitabas los de lejos. Al toque metí la guata y ensanché la espalda, con el vaso en la mano hice como que buscaba lugar. ¿Te importa?, pregunté señalando el sillón con la cabeza. Dijiste que no había problema y regresaste a tu libro –mentiroso, pensé, con esos lentes no ves nada- hasta que el infaltable ¿eres de por aquí? surgió de tu boca.Pese a que no soy de hablar mucho -eso no lo sabías, por supuesto-en un café no había otra alternativa. ¿Qué vas a hacer ahora?, la pregunta acompañó el final del café. Pensaba ir al Queens, contesté probándote. No moviste una ceja ninecesitaste aclaración: bien. Sí, el Queens está cerca, respondiste con calma, mi hotel también.

Mala suerte, pues, no vives aquí. Peor todavía: no estás solo. Eso no lo has dicho, pero me doy cuenta. Por la manera en que evitas hablar de tu vida, decir qué haces allá donde vives. Hay alguien en tu vida, ¿no?¿Qué harías si te quisiera dejar mi número? Lo copiarías en cualquier lado –en tu celular ni cagando- y luego botarías el papelito, ¿no?

Todavía llegamos al desayuno, te escucho decir. Una ducha primero, pido. Es española, esas en las que el chorro cae por gravedad nada más, lento y pesado. Quiero una así en casa. Lorena dice que no puede gastar plata, está ahorrando para su viaje a Brasil, que la pague yo si tanto la quiero. Una tupida cortina de agua cae sobre nosotros. Te jabono el pecho, la pinga y los huevos, al pasar por tu espalda saludo al dragoncito montado en su luna. Tus manos enjabonadas se deslizan sobre mí, tus dedos juegan con mi culo. Me la chupas de rodillas, el agua sobre nosotros.Tenso cada músculo hasta que, en el límite, acabo de nuevo. Es la tercera vez, y ahora tampoco hice ruido. Anoche, cuando entramos a la habitación, pediste silencio. Pusiste algo instrumental en tu ipod, jazz o new age, cuando volteaste yo estaba desnudo. Quise decir algo, sshhhh, te llevaste el dedo a la boca antes de morder mi hombro. Te tiré sobre la cama boca arriba, me fui encima a sacarte la ropa: extendí tus brazos, con las rodillas abrí tus piernas y las empujé hacia arriba, mi pinga tanteó, tanteó, contuviste un gemido yte estremeciste y yo entrando y saliendo, entrando y saliendo,mi pecho lo más cerca que podía de tu boca,hasta que sentí tu mordida y acabé sin gritar: querías silencio.

Acabaste de nuevo, dices bajo el chorro de agua. Puedo más si quieres, contesto. No, sonríes, vamos a desayunar. Consigo una toalla, te miro de reojo, hago tiempo. ¿Te paso mi número?, la cara tapada con la toalla, mi voz finge hacer un trámite. No dices nada, miras a otro lado. Si quieres te doy mi mail, me aferro como si estuviera a punto de caer por la ventana y todo dependiera de la baranda: una mano, luego la otra. No, mejor no, respondes y mesueltas.

No tengo hambre, digo. Mientras busco mi ropa veo los condones, caídos, muertos sobre el piso: tubitos desinflados o hechos un acordeón, tendidos de lado. Parecen heridos de guerra, o aviones accidentados sobre tierra, tristes, inútiles después del impacto. Me visto despacio, tú sigues en silencio. No estás ni triste ni contento, estás nomás. O no estás. Te observo, no percibo ningún titubeo, ninguna torpeza mínima que permita dar marcha atrás, destrabar la inutilidad del momento.Te digo chau y me voy.

Domingo (noche)

Desde atrás de la barra te burlas de que haya pedido agua con gas (hipnotízame/ haz lo que quieras conmigo y mátame tu). Esta noche no puedo amanecerme: mañana, sí o sí, tengo que llegar temprano al call center. Ahora,ni trago ni reguetón. Si te contara, igual no entenderías nada. La gente que encalla en tu barra no habla de cosas así. En realidad, la gente no viene los domingos, por eso el bar, la pista, todo está vacío (quítate la ropa/ quiero ver cómo te tocas). Se quedan en sus casas, conversan, hacen una rica cena, miran tele. Se enroscan en su propia tibieza. Menos mal que aunque sea tarde y haga frío, el Village abre los domingos.

Ilustración: Viktor Miller-Gausa

 

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Sobre juan carlos cortazar

juan carlos cortazarLima (1964). Estudió sociología y políticas públicas. Hizo la carrera de escritura narrativa en Casa de Letras, Buenos Aires. Ha publicado el libro de cuentos Animales Peligrosos (Milena Caserola, Buenos Aires 2014), la novela corta Tantos angelitos (Buenos Aires: Ediciones Deldragón, 2012) y los cuentos Las palabras (blog Escritores del mundo) y En el cruce (Revista Kundra). Su cuento Era el pistaco fue premiado en el concurso Itaú de cuento digital 2013. La novela El habitante fue finalista en el concurso de narrativa Eugenio Cambaceres 2012, organizado por la Biblioteca Nacional de Argentina. Vive en Santiago de Chile.

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