Michael Jordan contra el demonio de la gravedad, por Mario Verdugo

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(Sobre Poemas para Michael Jordan de Francisco IdeWolleter, Ajiaco Ediciones, 2014)

Dentro de la tematización poética del deporte, acá compilada por Floridor Pérez hace unos diez años, el paso de la dominancia futbolística a las emergencias del básquetbol nos conduce a pasar también desde una sociología de la cultura (liturgiasde barrio o de barra, por ejemplo, registros gregarios en cualquier caso) a una fenomenología ficcional del superdeportista y, más allá, del genio, sea cual sea la actividad que éste despliega. Entramos, sí, a la conciencia de Jordan –ese Jordan que, de acuerdo al criterio mimético del poeta, pudo o debió ser–, aunque más bien nos toca la suerte de usurpar un cuerpo, no una moral desencarnada sino un avatar psicofisiológico. Vemos con la perspectiva del otro superior, vemos y amamos con sus ojos, nos desplazamos por el espacio con unas capacidades corporales amplificadas y una óptica de precisión y alcance extraordinarios. Nos automodelizamos, diría Wolfgang Iser, según las percepciones de un crack. Los poemas de Francisco Ide reubican a su lector en un cuerpo viviente, deseante y consciente de la gracia que le ha sido concedida no se sabe por quién. Como Zaratustra o como Raimundo Contreras, Jordan es un individuo fuera de serie, aunque de carne y hueso, a la vez erotizado y sublimado. Por todas partes su vista se fija en la piel: la piel azulada de su hijo, la piel tatuada de su compañero Rodman, la del tigre en complicidad sinestésica con un enjambre de avispas, incluso los poros perfectos del balón, y la propia piel, sudada, absorbiendo el brillo de la luna.El suyo, sin embargo, esun cuerpo que llega más arriba, un cuerpo que se despega y se eleva. Ligero, ascensional, aéreo, aquí Jordan se reconoce libre del esfuerzo, la culpa y el hambre, al menos hasta que el retiro tienda a domesticarlo, a horizontalizarlo oa tentarlo –para recurrir de nuevo a la imaginería nietzscheana– con el demonio de la gravedad y sus “pensamientos de plomo”.

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Entre los muchos aciertos del libro puede mencionarse la concreción de un lenguaje pan-atlético,completamente inmune al cliché de potrero. Se trata de un lenguaje o un metalenguaje decidor, preciso como las experiencias que comunica, capaz de mapear el mundo hiperbóreo que habita el genio con sus apetitos y afectos. Básquetbol, golf, surf, box, ajedrez, natación, voleibol, hasta paletas de playa, conforman un sistema de coordenadas donde cada acontecimiento y cada sensación encuentran su lugar en estructuras convergentes, paralelas, contrastivas. Jordan comparte un parnaso con otros cracks que, como él, juegan solitarios, en los altos y en silencio, oteándose de vez en cuando entre sí. Por ese olimpo inaccesible para quienes viven pordebajo, merodea el plantel excélsior de la opulencia, la gracia, la soltura y la desfachatez. Desde allí, Michael Jordan reflexiona como si estuviera respondiendo una entrevista metafísica, casi siempre suelto de cuerpo, enterado de la dicha que tiene por el solo hecho de existir, a la manera de unCassiusClay declarándole a Playboy que antes de su aparición no había nadie, no había nada. Alsuperdeportistalo alienta entonces la equivalencia de espíritu y músculo, intensidades indistinguibles de aquel único neuma que tonifica y renueva por igual si la memoria se refiere al entrenamiento, al sexo o –suponemos– al arte o a la poesía. Tal vez los contactos entre las personas y entre las personas y las cosas resulten ilusorios, pero a esa ilusión de puro aire, de aire puro, hay que entregarse deliberadamente, eligiéndola y honrándola con disciplina y devoción sin límite.

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“Lo irreparable –sermoneaba Gonzalo Rojas– es el hastío”. El tonificado Jordan soporta el asedio de un tono menor: hogar, hijos, hobbies, leche y brisa, espacio privado, tedio, vida horizontal,frente a las brillanteces del espacio público del que estilaba despegarse. Este asedio de las imágenes en reposo agrega a los textos deIde una dualidad temporal que podría remitirse todavía a un tercer ámbito de significación: el de la poesíamisma resistiéndose al anquilosamiento del hábito. Así leída, la retrospectiva de Michael Jordan vendría a constituir una encarnación paradigmática del roce entre tradición y modernidad literarias: historia versus vanguardia, riqueza de la tierra versus libertad del aire, para decirlo en los términos de Gastón Bachelard cuando celebraba los dinamismos verticales de Nietzsche. La compleja interacción entre ambos polos parece engranar con el doble efecto de exactitud y de gracia espontánea, fresca, libre de impostaciones, en el que coinciden los reseñistas de Yakuza (libro anterior de Ide), y que sin duda se reproduce ahora. Sujeto de polos conflictivos, que se confunden y se invierten, Jordan desarregla por lo demás lo que llamaríamos el corpus heterogéneo de la aeroliteratura chilena, formado tanto por los terrestres que se echan a volar como por los tránsfugas que, para su desgracia, vuelven a caer sobre el territorio conocido (jorobas que se convierten en alas, latifundistas cuyo amuleto es un pegaso, francófilos cuyo apellido es una toponimia de provincia, aldeanas como pájaros endémicos, paracaidistas jitanjafóricos que caen del zénit al nadir, astronautas nostálgicos de Talca o de Concepción, pilotos asesinos, perdidos o estrellados). El crackde los Bulls ve más y ve mejor que los engendros de este corpus: es un gran poeta, y nosotros, como premunidos de una cámara ultramoderna, hiperreal, podemos acceder a esas ralentizaciones y aceleraciones, ese inconsciente óptico que a veces se torna cronenbergianoy que otras veces toma la forma de una iluminación súbita, vacío de gravedad, rayo de luz cruzando el gimnasio, suspensión oriental del sentido: satori.

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Sobre Mario Verdugo

Mario VerdugoMario Verdugo es poeta, periodista y doctor en literatura. Ha publicado La novela terrígena (2011), Apología de la droga (2012), Canciones gringas (2013) y Miss Poesías (2014). Trabaja como profesor en la Universidad de Talca, colabora con el periódico The Clinic e integra el colectivo Pueblos Abandonados.

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