Domingo, por Tomas Richards

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Va a abrir los ojos y va a saber de inmediato que es domingo. Va a ver el césped parejo más allá de la pileta y la luz clara al otro lado de la ventana. Por la altura del sol en el cielo va a saber que son más de las ocho. Deben ser como las ocho, va a pensar antes de meterse en el baño.

Un pájaro va a cantar allá afuera mientras él se seca el cuerpo y se pone las bermudas, la chomba, los náuticos. Va a recorrer el pasillo de la casa y a sentir la tos seca de una de las chicas al otro lado de la puerta del cuarto. Va a escuchar el silencio del mundo a esa hora de la mañana mientras el café se hace solo en la cafetera. Después va a revisar los diarios en la tablet, sin apuro, sin interés. Va a tomarse la muñeca derecha sintiendo el dolor del golpe recibido el día anterior durante el partido de tenis. Va a dudar sobre si ir al médico o no. Va a pensar que a su edad los golpes ya no se arreglan solos.

Va a volver a oír la tos de una de las chicas y va a acercarse al cuarto. Va a abrir la puerta un poco, a entornarla apenas. Va a ver que además de su hija hay otras tres chicas durmiendo en el cuarto y va a pronunciar con voz suave el nombre de su hija. Una vez. Otra vez. Otra más. Cuando ella le responda emergiendo del sueño va a decirle Empiecen a levantarse que en un rato hay que salir para el centro. Ella va a hacer un esfuerzo por despertarse del todo y decirle Sí, bueno. Él va a sentir el aroma femenino del cuarto, la mezcla de perfume, alcohol, cigarrillo, maquillaje, encierro. Va a cerrar la puerta y va a regresar a la cocina.

Su hija va a aparecerse un rato después, todavía en pijama, y él va a preguntarle a qué hora volvieron anoche. Tarde, ya era casi de día, va a decir su hija. Nos trajo Tomi en su auto, va a informarle. Él va a pensar ¿Quién carajo será Tomi? pero va a decir ¿Se levantaron las chicas? Apuren, va a decir mientras ve a su hija volviendo al cuarto por el pasillo semioscuro.

Va a sentir el murmullo de las chicas despertándose.

Va a escuchar el ringtone de su celular apagándose allá en su cuarto. Va a llegar tarde a atender y cuando lo levante de la mesa de luz va a ver el mensaje de llamada perdida de la madre de su hija. Va a llamarla y a hablarle con amabilidad, con esa misma amabilidad adoptada hace ya varios años, desde que sintió realmente que ya no le importaba. Va a decirle a la madre de su hija que están saliendo y que en dos horas van a estar ahí. Va a despedirse de ella diciendo la palabra Bárbaro.

Va a sentir el movimiento de las chicas por el pasillo, en el cuarto, en el baño, y va a detenerse en el living para elegir un compact disc para escuchar en el auto. Va a elegir uno de Jobim, Elis & Tom. Va a escuchar la voz de una de las chicas llamándolo por su nombre, va a darse vuelta y va a decirle Sofi. Va a mirarla entera en un segundo y a preguntarle si de divirtieron anoche. Ella va a clavar sus ojos verdes en los de él y a mover los labios finos para decirle Sí, la pasamos bien. Los dos van a estar mirándose en silencio dos o tres segundos hasta que ella diga con media sonrisa ¿Y vos? Bien, tuve una cena con unos amigos acá, en el clubhouse, va a responderle él.

Después va a aparecer en el living otra chica que él no conoce. Va a saludarlo tratándolo de usted y él va a preguntarle su nombre. Milagros, va a decir ella. Milos, va a decir Sofi. Él va a sonreír y repetir Milos. ¿Y quién más está?, va a decir él, y Milos va a decir Paula.

Media hora más tarde va a guardar unos bolsos y las raquetas en el baúl del auto y va a cerrar con llave la casa mientras las tres chicas y su hija se acomodan en los asientos. Va a notar que se olvidó el celular y va a volver a entrar en la casa. Va a sentir las risas de las chicas allá en el auto, va a escuchar la bocina. De vuelta en el auto va a preguntar jocoso quién fue la que tocó bocina y su hija va a decirle Sofi. Él va a mirar a Sofi por el espejo retrovisor, sentada en el medio del asiento trasero entre Paula y Milos, y va a decir Mirá vos mientras enciende el motor. Sofi va a devolverle una mirada traviesa.

En el puesto de seguridad del country va a saludar con la mano al morocho que le levanta la barrera de Socios. Va a poner el disco de Jobim antes de subir a la Panamericana. Pónganse los cinturones, va a decirles a las chicas, y las cuatro van a obedecerle.

Va a preguntar ¿quién era la de la tos? Y después de un silencio Milos va a responder María. Él va a mirar al costado y va a repetir con tono de sorpresa ¿María? Ella va a sonrojarse y a mentir. Paula, va a decir. Él va a aceptar la mentira de María, su hija, y va a decir ¿Paula? Mucho pucho, Paula, eh. Paula, allá atrás, no va a decirle nada.

Va a sentir cómo se desliza el auto debajo de sus pies y de sus nalgas. Va a sentirse vivo, algo joven. María va a pedirle cambiar la música diciendo que es aburrida y él va a volver a tener la edad que tiene cuando ella conecte su Mp3 al estéreo y ponga algo totalmente desconocido para él. Va a sentir un poco de vergüenza, va a pensar en el paso del tiempo, va a pensar en su muñeca derecha, va a escuchar los comentarios de las chicas, va a manejar por el carril del medio de la Panamericana.

Después, a su lado, María va a atender el teléfono y a decirle a su madre que ya están en camino. Cuando corte, él va a sacudir un poco la cabeza y a decirle a ella Qué ansiosa está tu mamá. A la vez va a mirar a Sofi por el espejo retrovisor. No sé qué le pasa, ¿qué apuro tiene?, va a decir María mientras él piense de un modo muy fugaz en la piel de Sofi. Es una rompe, va a insistir María y Sofi va a interrumpir la conversación diciendo que no, que en realidad el problema es que vamos muy lento.

Él va a mirar el velocímetro del auto y a ver el número cien. Sofi va a pronunciar su nombre de pila y a decirle ¿Es el auto o es que antes manejabas más rápido? Él va a sentir una furia repentina y va a pisar el acelerador y cuando el velocímetro marque ciento veinte va a volver a mirar a Sofi por el espejo. Ella va a mirarlo sonriendo y él va a tratar de no pensar en nada. Pero ella va a insistir y a decir Qué lento, antes me acuerdo que ibas mucho más rápido.

Él va a esquivar un Vento gris y a maniobrar para cambiarse de carril mientras aumenta la velocidad. Va a percibir con el rabillo del ojo cómo María se toma del apoyabrazos y cuando mire por el espejo para pasarse al carril rápido va a ver la boquita de Sofi diciendo Muy lento. Va a leer ciento cuarenta en el velocímetro y va a escuchar la voz de Sofi repitiendo Lento, lento, lento. Entonces va a pisar el acelerador hasta el fondo mirando más el cambio veloz de los números en el velocímetro que la autopista.

 

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Sobre tomas richards

tomas richardsTomás Richards (1983; Bs. As., Argentina). @TVRichards. Estudió Letras en la Universidad de Bs. As. Publicó cuentos en revistas y antologías. Mantiene junto a otros el blog esperandoloschumbos.blogspot.com.

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