Libra, galactic Owl | by Brigitte May

SolyTierra

Hay un pequeño consuelo en tomar licorcito. Son fuegos de mentira, lo sé. Pero igual lo tomo. Tomo el licorcito como el que tomo ahora, este licor que me recorre el cuerpo y me da escalofríos de placer. Qué no lo van a querer los espíritus. Qué no van a aceptar esta ambrosía, una de las grandes creaciones del hombre, sí señor. Si hasta cuando lo tomamos los humanos ya de pronto llegan los perros, los mensajeros de los espíritus a ver si es que no tienen na pa darles: aunque sea un tantito de licor para calmar sus pasiones. No hay nada que funcione mejor que una buena chichita o un aguardiente para negociar con ellos. Yo bien lo sé pus, si no por nada viajo yo pa acá, pa estar con ellos en el mundo espiritual.

Me tomo otro vasito mientras me acuerdo de todo, de cómo me llamó la mamita selva a que caminara con ella. Fue de chico pus, de cuando aún estaba andando con papito. Mi papito que un día me llevó a ver el sol y después no apareció más nada. Así fue pus, un día como otros llega tempranito a despertarme, a decirme que fuéramos a ver el solsito porque hoy día cambiaba, hoy día salía sol negro.

-En esta vida me tocó a mí ser tu papi –me dijo sentado en mi cama, yo recién despertando y el peso de su cuerpo en mis patitas-. Pero como ésta habrán otras vidas, todas de colores y formas muy distintas. ¡Incluso puede que tú seas mi papi en alguna otra! Por eso debes saber que el sol es el único que siempre va a ser tu padre. Ahora vamos a saludarlo antes de que despierte.

Y así no más que lo fuimos ver salir a la montaña. Y así no más que cuando se puso negro pero con los rayitos bien hermosos mi papi abre las manos como cruz y se transforma en fuego, en viva luz. Y así no mas que mi papi se fue para arribita con el sol. En cuerpo y alma. Y yo lo vi radiante, hermoso. El papito reía cuando iba al encuentro con su papito y en mí no hubo tristeza; hubo felicidad.

Bueno pero luego me llamo la mamita, la selva. Me dijo que me fuera a caminar con ella ahora que mi papito había subido al sol. Y yo feliz porque la mamita da fuerza y consuelo. Pero no todo fue fácil al principio, harto miedo da la mamita al que no está iniciado. Así, yo también tuve la iniciación mía.

Noche oscura fue cuando la mamita me dijo que me fuera de su lado y me la pasara la noche en una cueva negra. Tuve que hacer un circulito y quedarme callado en la oscurida; pus pa ver qué me pasaba me decía la mamita que fuera. Y lo más increíble pasa allí, cuando te quedas quietecito y ves las luces de la cueva que te miran de vuelta. Allí vi al búho luminoso por vez primera y me dijo que me iba a seguir, que a mi lado iba a andar ahora. Así fue mi primer viaje pa donde los espíritus. Así no más fui, haciéndole caso a mi mamita que me dijo que fuera.

Después me tocó crecer y la mamita me mandó a la aldea. A conocer el mundo de los hombres me mandó porque me dijo que ya había aprendido con ella y que ahora tenía que poner las cosas en práctica para poder crecer más. No todos confiaban en alguien como yo en la aldea. “Cuidado con este que camina con el búho –decían-. Cuando alguien anda con el búho, lo más seguro es que trabaje para dioses, no para hombres”. No sabían bien pa quién trabajaba pero no tenían na que andar preocupándose. Pal balance trabajaba, pa que los dos mundos anduvieran juntos.

Tuve que hacer cosas en la aldea pa que me creyeran. Yo venía a ayudar, a ser puente entre ellos y los dioses. Demuéstralo pus me dijeron. Y se los mostré no más. Porque siempre falta equilibrio porque los espíritus son buenos con nosotros. Nos dan de comer pero los hombres tienen que darle de comer de vuelta o si no a los espíritus les da hambre y se comen a los hombres. Y se los comen con enfermedades, así parte cuando llaman a los hombres pa comérselos.

Así que gente enferma curé, gente que se la iban a comer los perros mensajeros o su dioses –dependía de ellos-, pero siempre había que hablar con ellos, con los perros antes que con los dioses para negociar. Siempre quieren algo porque sus amos tienen hambre porque no los han alimentado. Un enfermito estaba con ataques y resulta que los de su clan habían estado comiendo muchos ciervos y yo lo que hacía, les daba licorcito pa negociar porque el licorcito les gusta a los espíritus ya que lo pueden hacer los hombres no más y no ellos. Les daba licorcito y les cantaba poemas que me decía el búho pa que se calmaran. ¡Y así se curaba la gente!

Fui curando y curando gente y así me fueron creyendo y fui curando a más gente hasta que estaba aceptado por la aldea y hasta los sacerdotes me llamaban cuando tenían problemas. Y yo dale no más que por esto que me dijo mi mamita que me quedara acá con ellos. Pero después pasó lo que pasó: fama tenía yo de curandero bendito y, tantito no más cuando la gente acudía a mí haciendo fila, tantito no más fue cuando el búho luminoso me fue abandonando.

Ya no lo hallaba cerca mío. Si hasta de repente se perdía en la selva porque se aburría con tanto hombre cerca. Y siempre sabía yo que me iba ayudar a hablar a los dioses pero ya no era tan fácil como antes. A veces había que darles otras cosas a los perros porque no sabía bien qué lo que querían. Y así se fue muriendo una gente, pus porque estaba más difícil entender y los dioses tenían más hambre.

Y fui tomando licorcito porque extrañaba a mi buhíto, a mi lechucita que ya no aparecía tanto y no quería na de ver que mientras más licorcito tomaba más me iba costando hablar con mi búho pero tenía congoja así que dale no más tomando licorcito. Ya no podía sanar tan bien así que qué mas na que dale tomando y hasta algunas veces ni cuenta me daba que estaba ahí, borrachito pero estaba en el mundo del espíritu así que me iba a seguir tomando y me tomaba el licorcito con los perros. Y fui sanando a menos gente pero ni problema había tanto que igual ya me había hecho un nombre pa mí en la aldea.

Y hasta que pasó lo que pasó que me tiene tomando, tomando el licorcito que me tiene acá o allá o ya no sé en qué hora del día. Cuando llamaron me sacudieron pa despertarme después de una borrachera grandota que tuve, que no podía más que dolerme la cabeza cuando me hablaba el señor. Si hasta borroso lo veía cuando me decía rápido, agitado que había un gran problema y que me necesitaban. Nada le respondía yo que estaba como atontado, como que puro no sabía nada y él dale que sacúdeme no más… Y ahí fue cuando me esclarecí pus.

Había que salir pa fuera, pa recibir al primo del enfermo que venía de la capital, de Antigua. Había que escucharlo porque su clan tenía un gran problema, mucha importancia del problema decía el señor. El clan era de los del poder, de la gente de importancia de la capital era el clan al que pertenecía este señor. Y se pagaba bien pero había que hacer las cosas callado. Pero que no tenía nada de opción, que había que acatar no más.

Así que nada, que tuve que acompañarlos y me fui con ellos a solucionarle el problema. A la capital me llevaron, en carro enlatado anduve por ahí. En esa época en la que la ciudad te tragaba y te decía qué hacer, a qué dios venerar. Mientras andaba sentí fuerza vital de vida dormida. A la fuerza no pude ayudar pero estuve con ella y sentí a los pisoteados, a los que vivían debajo de cielos oscuros. Y lloré con ellos. Todo mientras me llevaban pa allá, pa la mansión del señor de gran importancia, el que andaba acongojado.

Llegué pa allá y más que apenas vi al señor acongojado y sentí el olor a muerte. El señor andaba sofocado, tapándose el corazón y una vez que el corazón está tapao ya no tiene remedio. Uno tiene que armar armonía y si el corazón no le conmueve a uno la cabecita y la llena de sueños la cabecita se pierde, no avanza más. Este señor estaba muerto en alma y apenas visto supe yo que la muerte ya estaba y que no podía hacer nada. Pero me dijeron, me obligaron igual a que le salvara yo el cuerpo, así que tuve que hacerlo no más.

En el mundo espiritual estaba nuevamente, con mi búho a mi lado; había vuelto mi búho a mi lado a ayudarme una vez más a andar a su lado. Y fuimos y preguntamos pa ver el problema, qué había pasado, qué había en los dioses pa ver cuál era la causa del efecto que fue el castigo. Y llegamos y sorpresa nos llevamos. Había en los dioses enojo; harto enojo y asombro si se quiere decir de alguna forma. Se enojaban porque sabían, veían que ellos habían aportado tanto; tanto de lo suyo aportaron al hombre para que el hombre tuviera un progreso.

Me contaron historias y me dijeron que a mí que yo quería tanto a mi mamita la selva, a mí que yo sentía ese amor que bien podía yo entender la congoja que les causaba lo siguiente: la agricultura, la hija de mi mamita fue lo que se llevaron los hombres. Y mi mamita lloró buen tiempo pero lo aceptó. Habrá que creer en ellos dijo secándose las lágrimas y sufrió pero después creció. Pero pal balance el hombre tenía que entregar. Así que sí, que estando mi mamita más sabia fue a ver qué daban los hombres, qué vibración humana entregaban por confianza tan bien depositada. Y se encontró con formas, con hoyos negros donde debía haber luz, vibración bien intencionada. Y el equilibrio obrando lo suyo, infundió en los dioses su ira. Y eso era lo que me contaban.

Entendía yo esto hasta que apareció la sombra. Ágil la vi a ella pero sentí su putrefacción. Cuando me fui a taparme las narices por el olor veo mi mano en la cara, mi mano que no estaba nada sola, que estaba con botella vacía la mano, que había quedado así después del veneno que me estaba dando. Y ahí comprendí que había ciencia oscura, pero sabía que eran espejos que en el sueño de este plano actuaban, que de existencia no conocían nada. Así la advertencia fue recibida: me estaban matando. Desde el otro lado querían separarme de mi cuerpecito por intenciones egoístas y malas. Así llegó duda a mi mente y mareado navegaba.

Los dioses supieron y me ayudaron. No tengas problemas estás protegido. Ni problema yo tenía porque sabía yo qué había después y era bonito. Entendí pero el maleficio me hizo lento; menos facultades tenía. Así que la sombra se acercó de a poco y, mientras la cabeza pesaba, sentí el cuchillo. Clavó el cuchillo pero la tristeza me dio no por mí sino por lo que hizo después. Por eso es que siento tristeza y me tomo el licorcito para llorar.

Enjauló a mi búho precioso. Se lo quiso llevar y le puso jaula. Yo más no entendía. Sentí que robaban algo y que allá un cuchillo a mi carne clavaban. Acá me dejé dormir y sentí a mi mamita. Me reconfortaba y me decía que eran espejos y que acá ya estaba en casa. Lo último que vi de la sombra antes de dormir: al búho se llevaba.

Y después nada, aquí me encuentro. En el lago tomando licorcito estoy, uno que me dejaron pa pasar la congoja antes de dar testimonio. ¿Lo que me depara? Lo que me depara ya lo siento, ya me está deparando. En el lago el reflejo del sol en el sol la luna oscura en la luna el ojo del búho que existe, que siempre existió. ¿Qué se siente? Se siente el abrazo de mi papi y el peso de su cuerpo en mis patitas, despertándome.

Ilustración: Libra, galactic Owl | by Brigitte May

Diego Galmez
Amante de las letras, la música y el surf. Recientemente iniciado en el sueño de ser escritor viajero. Mis referentes son Bolaño, Neruda y Marley.