Poemas de Rebeca Yanke

 
Antes escribía en largo. Llegaba a casa por la noche, abría el ordenador y soltaba todo lo que hubiera vivido hasta el momento y que no estuviera ya escrito. Como si algo tirara de mí hasta sacarme todas las palabras que tuviera dentro. La gente que pasó por casa, las cosas de las que hablaron, el viaje que hice, el amigo que vi, las conversaciones que se mantuvieron, los libros que leí. Pero me silencié. Dejé de tener la necesidad de expresar todo tan claro, o de contar tanto. Desde 2007 mi voz es otra, adquirió cuerpo de letra, se hizo minúscula. Se debate entre decir y no, entre el silencio y el gesto. No nos damos cuenta de la dificultad de hacer poética, a veces ni siquiera queremos intentarlo, y el plural no quiere ser mayestático.

R. Y.

 
 

 Poemas

 
aguijón

aceptado ya que el corazón
es un utópico bivalvo
como la cuna que
formaron sus manos,
como mi templo
cuando hay rito dentro,
tal vez sea aconsejable
asumir que la mayoría
de los amores son
de plástico
————
a veces me ducho sólo con agua caliente,
ignorando el grifo de la fría,
como si con el líquido bollente
pudiera redimirme de mis pecados.
pero nunca sucede.
por ahora no porto aureola,
debe ser porque, mientras
me quemo, mi culo
se adhiere a gélidos azulejos

 

 

para los iconoclastas

limpié sangre del suelo sin saber que me pertenecía,
ni siquiera pensé que aquello fuera de origen humano,
soy tan prosaica que creí que se trataba de tomate
de vete a saber cuándo
después encontré el origen del brote, sorprendida
y me maravilló que sangrara tan poco esa piel de mi pie,
el rasguño era tonto, y no dolía
sin embargo me abrumó esa ausencia de dolor
y recordé otras heridas

me palpé las minúsculas cicatrices de mi muñeca derecha
volví a avergonzarme de su nacimiento,
la única vez en mi vida que mi mano se convirtió en puño
y crujió cristales, que nunca crepitan, por propia iniciativa,
no por casualidad, y mucho menos por cortesía

lo único que me alegra es que fuese una violencia hacia nadie
sin embargo en mí permanece, en forma geográfica
de piel lánguida
de suave palma
una atmósfera distinta, una morbidez de llanto,
para lamer con cuidado, y ahora
yo quiero poner delicadeza allí donde hay más daño

 

 

buzón

es el estado complicado de mi u-tópico bivalvo
(ubicuo aunque desconcertado)
buzo es la primera persona del infinitivo
del verbo bucear,
las almas nubosidades variables,
y mi educación sentimental un género epistolar

 

 

landscape

 
1

si el efecto dramático es (mi) poder,
no debería anhelar una azotea,
ni romero fresco, ni una ventana
por la que tirar piedras

si el melodrama es mi escenario,
no debería sonreír tanto, ni decir
hola (más bien holita) a todos
los que me topo en los pasillos,
mientras les sonrío

si soy mujer nube,
si hay hombres árbol
para qué qué dudar
de mi utópico bivalvo

 
2

cuando me pesaban los brazos veía el mar por las tardes,
me sentía más liviana cuando mi culo se posaba
en un muro de piedra, y mis pies frente
a un abismo de horizontes
después tuve que poner tierra por medio
porque se me acumulaban los escalones.
ahora soy un cumulonimbo bien lleno,
a punto de explotar.
es más, lluevo, ya.

 
3

la noche que supimos que mi madre murió,
la segunda esposa de mi padre no durmió con él,
sino conmigo. dijo que mi padre necesitaba llorar solo, y yo más abrigo.
recuerdo que también me dieron un valium. yo tenía quince años.
cuando murió mi padre no me dopé, sin embargo. ya tenía dieciséis

 

4

el último verano íbamos a la playa de azkorri,
arena de roca y, como antesala, una cuesta de piedras.
yo todavía no sabía que me quedaba mucho por escalar
aunque mi padre, y mi abuelo, ya eran montañeros.
yo sólo sabía andar en sandalias, aun ahora me
resulta absurdo usar zapatos, por eso los que llevo
siempre son planos, anacrónicos y con tonos simbólicos.
mirármelos y balancear las piernas al mismo tiempo
me reconcilia con mi averno juvenil, y con una infancia que tuve que ocultar,
para que no me hiciera demasiado daño el recuerdo de la felicidad.
estructuré mi cotidianeidad sobre una laguna mental,
crecí a trompicones, pero ya estoy cerca de los treinta
y no es que sólo quiera volar… es que me apetece planear

 

 

 

 

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Sobre rebeca yanke

rebeca yankeAntes escribía en largo. Llegaba a casa por la noche, abría el ordenador y soltaba todo lo que hubiera vivido hasta el momento y que no estuviera ya escrito. Como si algo tirara de mí hasta sacarme todas las palabras que tuviera dentro. La gente que pasó por casa, las cosas de las que hablaron, el viaje que hice, el amigo que vi, las conversaciones que se mantuvieron, los libros que leí. Pero me silencié. Dejé de tener la necesidad de expresar todo tan claro, o de contar tanto. Desde 2007 mi voz es otra, adquirió cuerpo de letra, se hizo minúscula. Se debate entre decir y no, entre el silencio y el gesto. No nos damos cuenta de la dificultad de hacer poética, a veces ni siquiera queremos intentarlo, y el plural no quiere ser mayestático.

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