Engendros de Satán (parte 1)

Engendros de Satán (parte 1)

Éramos cuatro los que nos juntábamos a la salida de la escuelita cristiana que se daba todos los sábados a la hora de la siesta en el salón principal para actos, que a la vez servía como oficina de los delegados administrativos del municipio en el barrio los lunes, miércoles y viernes, como así también de espacio funcional para las asambleas  que oficiaban los punteros de la unidad básica “Perón [...]

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Conspiración divina, por Ericka Volkova

Conspiración divina, por Ericka Volkova

  No sé qué me impulsaba visitar ése parque; solía caminar sin rumbo fijo saliendo de casa sin dirigirme a lugar alguno, las tardes otoñales eran frescas y me encantaba mirar los contrastes del ocre con el sedimento de los colores arenosos, muy en contraposición a los tonos firmes que hoy en día observo en toda temporada, pues aquí, el contraste casi no existe; los cambios entre estaciones pudieren ser [...]

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Sintaxis del adios, por Aldo Rosales Velázquez

Sintaxis del adios, por Aldo Rosales Velázquez

Bien. En realidad, si se mira bien y sin rencores, nadie está abandonando a nadie. Claro. El tiempo es una falla tectónica que corre de lado a lado de ese ecuador que separa la tristeza de los tiempos mejores. Todo avanza siempre; hasta la quietud es un estado transitorio. El corazón es una Pangea que se va rompiendo poco a poco, hasta que quedan sentimientos inconexos, tan distantes entre sí, que es imposible creer que alguna vez fueron lo mismo.

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El Animador, por Ricardo Chamorro

El Animador, por Ricardo Chamorro

Empecé a tener esos sueños. Sueños horribles, como por ejemplo lo del psicópata. Creo que ya te lo expliqué. No se porqué me sucede a veces que me voy a dormir y lo veo junto a mi cama. En realidad no lo veo, porque no me atrevo a abrir los ojos ni a darle la cara, pero es la imagen de un tipo con un cuchillo en la mano, apuntando [...]

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El Domador, por Alberto Sánchez Arguello

El Domador, por Alberto Sánchez Arguello

  Allan siempre miraba hacia el cielo. Mientras los otros niños jugaban a la rayuela o andaban en bicicleta, él permanecía solo, sentado en las aceras contemplando el movimiento de las nubes. Un día, no se sabe bien cómo, aprendió a domarlas. Una mañana aparecieron flotando cumulonimbus con formas de conejo, gato y jirafa. Él les enseñó a tomar forma y con el tiempo se hizo más ducho en aquel [...]

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SER EL OTRO, por Eva Medina Moreno

SER EL OTRO, por Eva Medina Moreno

¿Me sucedió algo que quizá, por   el hecho de no saber cómo vivir, viví como si fuese otra cosa?               CLARICE LISPECTOR, La pasión según G.H.     Es una mujer corriente, pero hay algo en ella que me arrastra. Noto que mis ojos empiezan a escrutarla de arriba abajo, acercando y alejando el objetivo; acercándolo, alejándolo, acercándolo, alejándolo. Su chaqueta negra oculta un cuerpo consumido, nada atractivo. Pelo castaño, [...]

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Odio la palabra coito, por Rebeca Yanke

Odio la palabra coito, por Rebeca Yanke

El psiquiatra le dio algunos trucos para poder llegar al tipo de orgasmos que ella recordaba haber tenido en el pasado, largos por lo pronto, o quizá varios muy seguidos, estas cosas nunca quedan claras del todo, pero nunca supo si esos truquillos de andar por casa, dichos a media voz en la consulta, eran los mismos que el médico les daba a todas las chicas, o si sólo se [...]

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Santiago 2010, por Juan Pablo Sutherland

Santiago 2010, por Juan Pablo Sutherland

  El circuito cerrado falló durante la noche. El sistema estaba en supervisión todos los meses y no tenía explicación el desacoplamiento de veinte ordenadores en la parte A-1 de la ciudad. Santiago había entrado a la red central del sistema interconectado del segundo mundo. Todos sus habitantes se veían bien, algo asustados por los beneficios del sistema, pero ansiosos. Estaba algo aburrido, como de costumbre. Había cumplido mis cuotas [...]

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Santa Martha, por Yalí Noriega

Santa Martha, por Yalí Noriega

  “¡Esa escuincla! ¡Es la tercera vez esta semana!”. Doña Lucinda intenta tranquilizar a su comadre: “déjela, ¿no ve que no tiene familia? A su mamá la entambaron lueguito que se alivió y desde entonces la niña vive sola. Cuando puedo, le doy de comer o la ropa de mis hijas que ya no les queda”. A medio camino entre los puestos, agazapada tras las cajas de fruta, una niña [...]

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Los amantes muertos, por Ariel Rioseco

Los amantes muertos, por Ariel Rioseco

En esta intriga los amantes se juegan el todo ignorando el final de la historia; el amor, la pasión y el halo intangible, se mezclan irremediablemente. Por ello, Los amantes muertos es la apoplejía de los sentidos; es la embriaguez, la lujuria, lo cual justifica el resto de los actos, sin que medie en este espacio temporal una estricta mirada o un verdugo silencioso.

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Cuarzo, por Juan Santander Leal

Cuarzo, por Juan Santander Leal

 No sé si quería un libro tan corto, pero sí uno que fuera compacto como una pequeña piedra en la mano de alguien. Un libro escrito solo en presente, con cierta urgencia por el aquí y ahora de personas que sólo pueden ser identificadas por el oficio que desempeñan, por el espacio que ocupan en la casa o en el trabajo. Nunca por lo que piensan, sienten o dicen. Quería [...]

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Bogart y el aprendiz, por Ramón Díaz Eterovic

Bogart y el aprendiz, por Ramón Díaz Eterovic

Tenía instrucciones de llegar al mediodía para contactarse con la proveedora de la organización, a la que había ingresado luego de buscar trabajo durante más de un año. Sentía calor y la bufanda que Merlini le había exigido usar, para ser reconocido por la mujer, le parecía una tortura. Pidió dos cervezas de una vez para no molestar más de la cuenta al barman.

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El útero y el tren, por Alfredo Gaete

El útero y el tren, por Alfredo Gaete

Llego temprano, aunque no sea ésa la costumbre mía ni de nadie. Desde la calle he podido constatar, a través de la puerta de vidrio, que el bar está casi vacío. Todavía han de pasar unas cuantas horas para que el grueso de los parroquianos aparezca. Cruzo el umbral de la puerta y reconozco de inmediato al señor P., que bebe una copa de vino frente a la barra. Uno de los cantineros me saluda; antes de que yo diga nada, destapará mi primera cerveza de medio litro y la pondrá junto a mí.

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Mi fe se pudrió aquí, por Alan Meller

Mi fe se pudrió aquí, por Alan Meller

Al otro lado de la ventana está eso que llamamos realidad: una noche borrosa, rostros sin color, sin luz ni oscuridad, buscando los primeros pasos del día. A este lado de la ventana no importa que sean más de las seis, hay algo que nos protege del mundo. A este lado me arden los ojos e intento acallar las melodías con cerveza. Cuando termino una versión, cuando tengo la certeza de que nada sobra ni falta, la cabeza se me enciende como si viajara por diez líneas de coca.

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Al Final, la Noche, por Miguelanjel Acosta

Al Final, la Noche, por  Miguelanjel Acosta

Toma unos segundos y sigue caminando. Va sin rumbo por calles amplias y semivacías. Sabe que todo se acaba, que todo llega a su final. Pero ese conocimiento en momentos como éste no le sirve de nada. La tristeza y amargura de perder lo importante, lo que creemos realmente importante, puede destruir y aniquilar la esencia de un hombre.

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El lugar de los silencios, por Carlos Almonte

El lugar de los silencios, por Carlos Almonte

Era una mañana cálida, de finales de primavera. Yo miraba la ciudad desde la altura, y concluía que el destino, por lo general, es exactamente incierto. Vamos a mi casa en el Arrayán, había dicho Paula un rato antes, con la mirada perdida y esa voz baja y delicada que me había hecho oírla con súbito interés. Fue esa misma voz la que nos avisó después que no podía encontrar su casa, que algo había pasado

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El verdadero ocaso de un gigante, por Alejandro Cohn

El verdadero ocaso de un gigante, por Alejandro Cohn

Fredy, el mamut, era el único de su época capaz de arrancar riendo y mirando de reojo a su cazador. Además, luego de cada finta le lanzaba una carcajada. Su cazador era el tozudo Darcus. Antes hubo otros, pero la bestia los deshonró y ahuyentó. Cada noche, justo antes de dormir, le venían ataques de risa al recordar al tozudo Darcus persiguiéndolo. Para el cazador, por otro lado, la hazaña ya casi nada tenía que ver con alimentar a su familia. Honor y odio. Solo eso.

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Tres historias con final nostálgico, por Ramón Oyarzún

Tres historias con final nostálgico, por  Ramón Oyarzún

Es una lástima cuando algo acaba. Aunque su comienzo no nos involucre especialmente (o sea que empezó a suceder -afortunadamente- sin nosotros, o nosotros sucedimos después que eso, o eso ya había comenzado). Igualmente, lástima el haber participado y no poder decir nada, no poder hacer algo al respecto más que cranear historias, brindar homenajes o recordar sucintamente alguna que otra noche. Resulta complicado citar el inicio de ese tiempo, [...]

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Mateo Motor, por Rodrigo Severin

Mateo Motor, por Rodrigo Severin

  “Mateo motor” o “motorcito” igual que hace el necio, creía que todos nosotros pensábamos que era cuerdo. Pero Mateo no era necio y era bastante más cuerdo que cualquiera de nosotros: eso lo puedo asegurar (sólo que cuando se democratiza la percepción, parece que decae el entendimiento). El encantador patetismo que proyectaba su presencia era una conjunción del escenario, el maldito Barómetro, y su condición de extranjero. Aunque no [...]

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En la espera, por Bernardo Navia

En la espera, por Bernardo Navia

“Las dióstenas más fruguláceas se jifuntan espantadas por el nimibio másculo del gran heglador”, escribe, arrebatado por las febriles horas del insomnio; “todas las clanicoceas me brujantinan el grabonal”, garrapatea en su pequeña libreta de apuntes, en la que escribe desde no sé cuándo, desde mucho antes que usted me dijera que regresaría pronto, Elvira. ¿Recuerda? Y yo, claro, siempre tardo para reaccionar, no le pude decir que no, que no se fuera, que el ángel y el domingo y la lluvia y su voz.

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