Sobre Lumpen de César Cabello, por Manuel Illanes

Rostyslav Zagornov

Levantad, marginados, la viga del tejado

Lumpen, el cuarto título de César Cabello después de Las edades del laberinto (2008), Industrias Chile S.A (2011) y El país nocturno y enemigo (2013), supone un giro respecto de la obra anterior de César, en cuyos previos libros se venía desarrollando una aproximación más “lírica” y menos ligada a los fenómenos sociales. Lumpen da cuenta del proceso de transformación sufrido por los campamentos y poblaciones que resultaron de la gran ola de toma de terrenos que se extendió por Chile desde mediados de los años 60 (en la cual se inspiró Víctor Jara, por ejemplo, para la elaboración de su disco de 1972, La Población). El texto es una especie de relato de la suerte corrida por los habitantes de la población Santa Olga de Lo Espejo, desde su fundación hasta el día de hoy, relato que permite aproximarse al tema de la pobreza y la marginación, que constituye el gran eje del libro. Aunque existen algunos antecedentes de estos elementos en El país nocturno y enemigo, es en Lumpen donde se los aborda de manera completamente exhaustiva.

Inserto en un contexto político-social completamente diferente al de la actualidad, uno que consideraba todo este movimiento de tomas y expropiaciones como el primer paso en la construcción de un país más justo -idea que inspiraba a muchos integrantes de la izquierda chilena, partidarios de Salvador Allende-, la toma de terrenos que produjo la fundación de esta población forma parte entonces de este impulso mayor, el que llevó a Allende a la presidencia de la República en 1970. Este origen mítico queda señalado en el primer poema del conjunto, 50 aniversario de la población Santa Olga, Lo Espejo: “Celebro al homo faber / a las dirigentas del comité Sta. Olga de Kiev / y al político desconocido que –sin pedir nada a cambio- / convenció al propietario de esos manzanares / para que firmara la expropiación.” Idéntica referencia a este origen se verifica en el segundo texto del conjunto, que ya desde su título (Casa con bandera chilena), parece hablarnos de esta asociación entre la toma misma y el nuevo concepto de país que se impone en esos años: “Lanzas el metro-carpintero para ajustar la puerta. / Corriges con el plomo la altura del nivel. / Clavas en el marco una foto de tu madre / y más abajo enciendes braseros con carbón.”

El impulso “heroico” que cifra el levantamiento de todas estas poblaciones y campamentos encontrará su fin con el ascenso y consolidación de la dictadura de Pinochet, años durante los cuales se origina el proceso de degradación que el libro describirá meticulosamente, con la quiebra de las fábricas de las cuales dependía el trabajo de muchos de los pobladores, la eliminación de los subsidios a la industria nacional y el ingreso de mercancías importadas, cuyos precios más baratos hacían imposible la competencia. Eso se grafica de manera patente en un texto como Esperando a los chinos, donde el diálogo de dos obreras de un taller textil evidencia la pauperización de la industria nacional, y en Diario de un cesante, que centra su atención en la vida de un hombre que ha perdido el trabajo hace ya mucho tiempo y cuya existencia gira, poco a poco, en torno a las drogas y el alcohol: “Es entonces cuando adviertes / que han pasado cuatro años / desde tu último empleo / y no sabes si estarás listo. (…) Una vez por semana, en el lapso de un mes, / te acercas al almacén de la esquina / y preguntas si alguien ha telefoneado / desde la planta faenadora / Nadie responde / Regresas a tu casa y riegas el jardín. / Fumas un poco de cannabis / usando una manzana como pipa.”.

El ingreso de los carteles y de las bandas del crimen organizado a las poblaciones – siguiente paso de este proceso de transformación sufrido por las tomas y campamentos- aparece señalado en Lumpen por la inserción de una entrevista realizada al jefe de una banda carcelaria de Sao Paulo, Brasil, material que es utilizado de manera segmentada por Cabello para indicar la existencia de un fenómeno que no se restringe solamente a Chile, sino que tiene una extensión latinoamericana y global: “¿Qué cambió en las periferias? Mangos. Nosotros ahora tenemos. ¿Usted cree que quien tiene 40 millones de dólares como Beira Mar no manda? Con 40 millones de dólares la prisión es un hotel, un escritorio…Cuál es la policía que va a quemar esa mina de oro, ¿entiende? Nosotros somos una empresa moderna, rica. Si el funcionario vacila, es despedido y “colocado en el microondas””.

La aparición de la violencia en Sta. Olga, producto de las disputas de los carteles, se refleja en Vía Crucis: “Nos preparábamos para el Vía Crucis / cuando una banda rival llevó a cabo una “mexicana” / y nos devolvió el favor. (…) No hubo tiempo para lamentos, / solo para formar un grupo de niños-soldados / que portaron escopetas hechizas y afinaron su puntería / contra un roído Cristo de madera / colgado de un puente.” Liderando esta violencia surge también un nuevo tipo de habitante de las poblaciones, descrito en uno de los poemas centrales del libro, justamente el titulado Lumpen: “Este es el linaje de Juan “el asesino”, / que engendró a Sombra, a Víctima / a Desencanto. / Repartió semilla y bala en Las Ánimas, / Pueblo Hundido y la Sta. Olga. / Aquella es la zona muerta / que no está en los expedientes. / A este lote pertenezco. / Trabajo al “portazo” cuando veo un auto / sin ocupantes. No soy “perkin”, en cana cocino, / no hago aseo. Me enfrento a puñaladas, / en el óvalo, con un sable y una “sacadora”.”

La marginalidad de los pobladores, que antes se achacaba únicamente a la pobreza, encuentra ahora su manifestación más brutal en la aparición de “nidos delincuenciales” y en el surgimiento, además, de una variedad de miseria completamente desconocida hasta ese momento, una en la que los hombres se encuentran completamente enajenados de todo contacto (como queda expuesto en la figura del vagabundo de Cementerio Metropolitano), lo que agudiza el problema de desintegración de aquellos vínculos sociales que se habían fundado en el momento de creación de las poblaciones.

El último escalón de este proceso descendente tiene lugar en las cárceles: es allí, nos dice Cabello, adonde van a parar los pobladores de las tomas y de los asentamientos realizados al margen de la beneficencia del Estado. Lumpen nos ofrece una amplia gama de caracteres provenientes del mundo penitenciario (reos rematados, “caneros viejos”, carceleros, mujeres de los encarcelados, soplones, etc.), además de profundizar en los rasgos más sobresalientes del modus vivendi dentro de estos espacios, haciendo especial hincapié en el ambiente sofocante, de extrema violencia que se vive ahí. Ejemplo de esto es el poema Carne de sacrificio: “Reos apostados en celdas de castigo, / algunos de ellos vestidos de mujer, / beben la substancia de otros reos / como zánganos expulsados / de la flor. / Semen que sólo engendra muerte y agonía. / Para eso están el “perkin” y el “caballo” / que culea “yeguas” / en la cárcel. / Desprecian, en el coito, la concepción. / Se erigen como estatuas de ruina y de sometimiento, / después de guerrear para no ser abusados.” El círculo vicioso que reproducen los detenidos en dichos centros penitenciarios -que provienen justamente de familias que han ejercido la delincuencia por generaciones- se exhibe en De cómo nace un delincuente: “Hay familias que se traspasan, de mano en mano / un objeto robado; abuelos como estatuas / de los que se espera un consejo o al menos / una palabra de orden.” En términos de lectura, el análisis de la vida en las cárceles corresponde a la segunda parte de Lumpen, y es la más difícil de abordar, por el talante brutal de los poemas seleccionados.

Es interesante observar, por otro lado, que en paralelo al proceso de degradación que sufren las poblaciones, que se aborda en el libro, se desarrolla también uno de apropiación y parodia de una serie de textos muy importantes de la tradición poética chilena, como lo son algunos de Pablo Neruda (“Sólo la muerte” de Residencia en la tierra), Gonzalo Rojas (“Los niños” de Contra la muerte), Enrique Lihn (“La pieza oscura” y “Monólogo del viejo con la muerte” de La pieza oscura) y Jorge Teillier (“Despedida” de El árbol de la memoria). Esto se logra a través de citas y juegos intertextuales en que se evidencia la voluntad de llevar este proceso de degradación, descrito anteriormente, al cuerpo mismo del texto, mediante la descontextualización de los versos de estos poemas y su uso en los medios envilecidos sobre los que Lumpen llama la atención. El ejemplo más claro de este mecanismo se encuentra en el poema Mi padre, de pie, sobre un motor Volkswagen de 2 cilindros, clara parodia de “Despedida” de Jorge Teillier. Cito aquí algunos versos que ilustran esto: “Me despido de las carrocerías de autos / abandonadas en los patios de las casas / y talleres mecánicos. Del overol azul / que me dio mi padre junto con un salario / que no alcanzaba a fin de mes. / Y me despido de estos poemas, / a los que nunca le llegaron las refacciones / y debieron ser terminados con repuestos hechizos / o partes viejas de otras escrituras.” Lo mismo ocurrirá en Oración por Michael Jackson, sobre cuyo referente (“Oración por Marilyn Monroe” de Ernesto Cardenal) Cabello realiza un trabajo de transformación.

La importancia de Lumpen en tanto testimonio de este proceso de degradación, y aproximación, también, a los temas de la pobreza y la marginalidad, es de primer orden, considerando la forma exhaustiva en que Cabello realiza el seguimiento del proceso, en cómo elabora un retrato moral de los habitantes de esta población que -aunque en muchos puntos busca demoler la imagen “idealizada” que se tiene acerca de la pobreza-, hace justicia a los pobladores, cuya falta de oportunidades y segregación total conduce directamente a las cárceles en muchos casos. Porque esto constituye, a mi entender, el fondo de la perspectiva que el libro nos presenta: una reivindicación de la marginalidad, a través de una imagen -la que Lumpen nos enseña- que no esconda los claroscuros, ni las terribles condiciones en que viven día a día los parias de la tierra.

Manuel Illanes (Santiago de Chile, 1979). Ha publicado los libros de poesía “Tarot de la carretera” (Fuga, Santiago de Chile, 2009), “Crónica de Tollan” (Piedra de Sol, Santiago de Chile, 2012; La Ratona Cartonera, Cuernavaca, 2013) y “Memorias del inframundo” (Mantra, México DF, 2016). Poemas suyos figuran en la antología “Residencia temporal: seis poetas chilenos en México” (Aldus, México DF, 2016). Es licenciado en Lengua y Literatura Hispánica de la Universidad de Chile. Actualmente realiza una maestría en Letras Mexicanas por la UNAM.

Ilustración: Rostyslav Zagornov

 

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Sobre César Cabello

César Cabello(Santiago, 1976). Ha publicado Las edades del laberinto (Santiago, Piedra de Sol Ediciones, 2008), Industrias CHILE S.A. (Santiago, Piedra de Sol Ediciones, 2011) y El País Nocturno y Enemigo (Santiago, Piedra de Sol Ediciones, 2013).

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